El árbol y el junco

Al hablar de Ashtanga Vinyasa Yoga, lo primero que vemos en los grandes representantes de esta disciplina es su increíble flexibilidad corporal. Pero ya hemos dicho que Yoga va mucho más allá que la materia. ¿Y qué pasa con nuestra flexibilidad mental?

Muchas veces nos suceden situaciones en las que tenemos que tratar de definir límites claros, y a tiempo. En donde a partir de acá, o más allá, X asunto ya no es aceptable o tolerable por mis valores, formas de pensar, crianza, etc. ¿Cuál es el punto en el que uno dice “hasta aquí llegué”? ¿Hasta cuándo aguantar?

Aquí les cito una fábula de Jean de la Fontaine:

“En cierta ocasión, el árbol le dijo al junco: En verdad te sobran las razones para acusar a la naturaleza: el peso del más pequeño pajarillo no puedes aguantar y el menor viento, que arruga la tranquila superficie de las aguas, inclina tu cabeza. No así yo, pues mi frente, semejante al Cáucaso, no sólo no se cansa del sol ardiente detener los rayos, sino  que las furiosas tempestades del mismo modo arrastra y desafía. Para vosotros todo vientecillo es Aquilon fierísimo, y el viento más impetuoso, Zefiro suave, me parece que halaga y refrigera. Si, al menos, nascieseis al abrigo  de las pobladas ramas con que cubro gran porción de terreno, no tuvierais tanto que padecer: yo os defendería de cualquier tempestad. En lugar de esto, nacéis regularmente en las orillas de los ríos y lagos, donde reinan diversos aires, vuelvo a repetirlo; os ha tratado mal la naturaleza.

El Junco le responde: Tu compasión de un natural benéfico dimana; pero no te atormente ese cuidado: mucho menos que tú los aires temo. Yo me inclino a su fuerza y no me rompo. Tú, sin doblar la espalda, has resistido hasta aquí sus impulsos formidables; pero, amiga, hasta el fin nadie es dichoso.

En esto hablaban, cuando en el horizonte dio paso al más terrible de los hijos que ha producido el Norte: Se resiste el árbol a sus embates; pero el Junco con flexibilidad doblar se deja. Aumenta el huracán sus fieros soplos; con fuerza tan atroz, que desarraiga y hecha por tierra al árbol, cuya copa, hallándose vecina a las estrellas, sus raíces hondísimas apoya en el reino sombrío de los muertos.

Lo interesante de aprender a ser junco: doblarnos, pero no rompernos. Increíble similitud con muchas asanas. Sin embargo, creo que hay puntos de inflexión en los que debemos retirarnos, apartarnos, movernos, mudarnos, activar. Por ejemplo, si nuestra salud se empieza a ver afectada, considero necesario hacer un stop y retirarse del lugar, situación o relación que suma estrés, para hacer un balance y quizás animarse a dejar lo seguro por lo incierto.

Seguro alguna vez escucharon el refrán “mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Pues yo prefiero el coraje de lo desconocido al dañino resultado rutinario de aquello que ya conozco. Walter Riso, autor de El arte de ser flexible, dice: “la flexibilidad mental es mucho más que una habilidad o una competencia: es una virtud que define un estilo de vida y permite a las personas adaptarse mejor a las presiones del medio. Una mente abierta tiene más probabilidades de generar cambios constructivos que redunden en una mejor calidad de vida y en la capacidad de afrontar situaciones difíciles”

Ante situaciones incómodas o difíciles lo ideal es no quedarse quieto, sino desarmar estructuras y patrones mentales con creatividad. Por ejemplo, quizás en el trabajo nos movieron a un lugar en el que no nos gusta estar o nos dieron una actividad que no nos gusta hacer. Lo malo de esta situación es quedarse estancado en la sensación de insatisfacción, que no sólo no va a producir ningún cambio sino que, aparte, nos va a mantener estancados vibrando bajo y atrayendo más de eso mismo. Lo bueno es que todo es pasajero y, como último recurso, siempre podemos buscar otro trabajo, tarea titánica en la Argentina actual, que al menos no dejará a nuestros pensamientos cociéndose a fuego lento en un fondo de olla emocional y estará activando puertas energéticas hacia nuevas posibilidades.

El que se aferra acaba cayendo, pero el que no se aferra no teme ninguna caída.” Máxima samurai

Utthita Parsvakonasana: estira ingle y columna. Esta asana refuerza el sentido de expansión y alineación del cuerpo. Corrige defectos de corvas y muslos, desarrolla pectorales y reduce grasa en cintura y caderas. Alivia dolores de ciática y artríticos. Si hay problemas de cuello, llevar el drishti (mirada) hacia el frente.

Importante: Todas las asanas deben aprenderse con la guía de un Instructor calificado.

Nota: Originalmente posteado el 03/11/2014

 

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